domingo, 8 de agosto de 2010
Llené de libros mi maleta, decía Amaia
Atendeme acá: qué dolor de ovarios que es mudar una biblioteca. Mudar dos, es un dolor en stereo sumado a extracción de muela de juicio el día que te indispusiste y que te cayó mal la polenta por exceso de ibuprofeno. Mudar kilos de ropa no es nada, mirame bien: n-a-d-a, al lado de los quichicientos volúmenes de dudosa veracidad que acumulo en mis estantes. Encima el caos de embalaje: olvidate que encuentre algo por los próximos 5 meses, entre las 30 bolsas de Alparamis y las otras tantas en las que mezclé tuppers, frascos, libros y toallones para que ninguna bolsa pese demasiado como para desfondarse camino a planta baja. No me mudo nunca más, me repito tratando de convencerme que nada de esto fue un error, así se me pega la canción y pienso en otra cosa.
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Me gusta mucho tu versión catártica...
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