domingo, 15 de agosto de 2010

La depresión de los domingos no se cura con chocolate ni con jueves

No hay un solo domingo a la tarde que no baje esa cortina de bajón existencial porque mañana es lunes y otra vez todo de nuevo. No es feriado, para mí no es feriado. De los feriados me entero un día antes. De España despotrico de lunes a lunes.
Hay un velo de no-pensar que cubre los sábados y los domingos a la mañana. Los sábados tienen esa frescura de hacer todo lo que en la semana no se pudo y el domingo a la mañana se duerme hasta tarde, se almuerza pastas con un estofado bien suculento, algún postre con onda y mil calorías, y justo después del café sobreviene la debacle. Ahí empieza el viento sur con olor a lunes y al madrugón, al maldito teléfono, a los deadline, a los SLA, al piloto automático. Las semanas que voy a la oficina me siento tan común, tan normal, tan mediocre que esos domingos son doblemente deprimentes. Permiso, me voy a tomar un té de higos a ver si levanta un poco la jornada. Pum para la derecha, vamos todos.

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